Epílogo.

“La Masacre de Manchester” con ese inexacto nombre se ha conocido en los últimos días los trágicos hechos ocurridos el sábado anterior en el Salón de Eventos de uno de los hoteles más importantes de la ciudad de Sincelejo y digo inexacto porque ni fue una masacre, teniendo en cuenta que de los dieciséis muertos, sólo tres murieron por lesiones causadas por un arma de fuego, incluyendo al propio tirador (odio ese término traducido del inglés shooter) y también tengo mis dudas sobre la inocencia e indefensión de cada uno de ellos, condición necesaria para que catalogar el asunto con ese término tan escueto proveniente del francés. Pero aunque hubiese sido en realidad una masacre, como los siempre creativos periodistas radiales de nuestra hermosa ciudad insisten en señalar, tampoco ocurrió en Manchester, sino en Boston, porque haciendo cuentas de las dieciséis víctimas mortales, diez quedaron tendidas sobre la Transversal 31, que tecnicamente hace parte del Barrio Boston y no del Hotel Manchester. Pero haciendo un lado los tecnicismos, “La Masacre de Manchester” ha sido uno hecho trágico que enluta a la ciudad de Sincelejo y cuyo trasfondo es mucho más complejo y oscuro de lo que algunos se han atrevido a señalar.

Se ha dicho de todo: que fue un ajuste de cuentas, que un pago de deudas, que un asesinato a sangre fría y hasta una cortina de humo de la alcaldía para que el grueso de la población se olvide del robo de las ayudas humanitarias por la tragedia del Cerro de Puerto Arturo, actualmente en investigación. Pero nada de eso es cierto y lo puedo afirmar porque conozco a la persona que planificó la tragedia.

La conocí en mi primer trabajo como periodista, en la Universidad de Sucre, donde pretendía ser un estudiante de Administración de Empresas y donde mi trabajo consistía en investigar a un líder estudiantil, sospechoso de tener vínculos con la guerrilla y cuyo nombre no viene al caso mencionar. Karen Massier parecía una niña tonta, muy hermosa, eso sí, pero nada inteligente. Parecía, porque detrás de esa máscara de inocencia y perplejidad se escondía una mujer capaz de todo.

En la extensa carta que ella me envió el día de la tragedia y que no abrí hasta ayer lunes, confiando en que alguna vez tuvimos alguna relación de amistad, me confió todos y cada uno de sus secretos.

Karen fue capaz de filtrar a Internet, un video donde aparecía una mujer llamada Sofía Martínez teniendo relaciones sexuales con su novio. A los pocos días y presa de la vergüenza y la desesperación, Sofía se quitó la vida, todo porque Karen se había obsesionado con su novio y quería destruirla. Pero aquello no había sido todo. En complicidad con el ex rector de la Universidad de Sucre, Pablo Emilio Santís, muerto en la “Masacre de Manchester”, robó grabaciones del señor Juan Pedroza, copropietario de este periódico y luego las alteró para fabricar pruebas en su contra y enviarlo a la cárcel por su participación en los atentados en la Universidad de Sucre, en Noviembre de 2011 y fue a partir de este hecho, que Karen Massier cometió su delito más grave, el asesinato de Juana Inés Patiño, su tía, quien la había estado extorsionando con las grabaciones originales que probarían la inocencia de Juan Pedroza.

Pero aunque parezca mentira, de todos los actos que cometió Karen en su vida, el de la “Masacre de Manchester” fue el único que hizo con buena intención. La culpa por haberle quitado la vida a su tía, fue el detonante para que Karen iniciara una investigación en contra de los peces más gordos (literalmente) de la política sucreña, empezando con el senador Rogelio Palmira y sus hombres de confianza, Antonio “Toño” Cabrero y Pablo Emilio Santís, con quien ella mantenía una relación sentimental desde hacía varios años.

Pero las investigaciones de Karen levantaron las sospechas de estos personajes, que tienen de víctimas lo que yo tengo de físico nuclear, o sea nada. Antonio Cabrero y Rogelio Palmira, en complicidad con María Andrea González, amiga de Karen, planearon su asesinato en un burdel de mala muerte en la vía que de Sincelejo conduce a Tolú. Allí, Palmira y Cabrero, en lugar de pegarle un tiro en la frente, prolongaron la tortura de Karen, violándola en repetidas ocasiones de manera salvaje. Karen sobrevivió gracias a María Andrea, que la ayudo a escapar, pagando con su vida aquel último acto de bondad.

Karen sobrevivió, a pesar de haber caído por un abismo en su fuga, sobrevivió con serias secuelas que ella misma en su carta me dice que aún le cuesta trabajo explicar. Lo que sí no le costó trabajo explicar fueron todas las molestias que se tomó para concretar lo que hoy conocemos como “La Masacre de Manchester”.

Aprovechó un evento en el que asistirían Rogelio Palmira y Antonio Cabrero y convenció a Kathy Robledo, muerta en la estampida de aquel día, que la sentara en la misma mesa con ellos. Aprovechando su relación sentimental, Karen le reveló a Santís la identidad de sus violadores y este preso del dolor y la rabia, por su fuerte vínculo sentimental con ella y además, quizás, por sentirse traicionado por quienes creía sus amigos, desenfundó un arma que la misma Karen le había regalado aquella noche y la vació sobre la humanidad de Rogelio Palmira, causando el pánico que desembocó en la estampida que cobró la mayoría de víctimas mortales en la tragedia.

Desde allí todo se vuelve confuso. En la carta que me envió Karen, que evidentemente fue escrita horas antes del hecho, no explica por qué de los 7 impactos de bala hallados por Medicina Legal en el cuerpo de Antonio Cabrero, seis eran de un arma diferente a la que Santís había utilizado para matar a Palmira. Tampoco explica por que uno de los guardaespaldas del ex-senador apareció muerto con un cuchillo enterrado a la altura de la espalda. Y por supuesto tampoco explica que pasó con Karen después de lo ocurrido.

En el paquete que me envió junto a la carta, se encontraba la tarjeta de memoria con las grabaciones originales de las conversaciones de Juan Pedroza, que lo exoneran de toda responsabilidad por los atentados en la Universidad de Sucre, la promesa de venta de su casa en el Barrio Bostón al hijo de Juan, Alex y dos cartas, una para él y otra para el líder estudiantil que he mencionado ya en esta columna, ambas pidiéndoles perdón por lo ocurrido. En la carta que me envió a mi, también incluyó una nota de agradecimiento al Editor Jefe de este periódico, Camilo Naar a quien le envió también el libro de anotaciones con las investigaciones que ella llevó a cabo durante todo este tiempo.

Nadie sabe a donde fue Karen después de la tragedia, ella no lo dice ni en la carta que me envió a mi, ni en las otras que venían en el mismo paquete. Uno de los meseros afirma haberla visto saliendo por la puerta del Restaurante del hotel con rumbo desconocido.

Aunque no justifico las acciones de Karen Massier, de todo corazón espero que haya encontrado la manera de vivir con sus acciones y sus recuerdos, encontrando la paz interior con la que no sólo ella sino todos nosotros anhelamos vivir.

-Freddy Gaviria. Periodista Diario “El Manifiesto”.
Sincelejo, Sucre. Diciembre de 2013

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