Capítulo 28.

Impávido, fumando al borde de la acera, Richard Machado esperaba pacientemente la llegada de la persona con la que había hablado hacía unos momentos, sacándolo de la rutina normal en su consultorio. Karen lo observó a una cuadra de distancia, estaba allí debajo de aquel sol inmisericorde, de saco y con la camisa azul con los botones abiertos hasta la altura del pecho, con sus lentes de nerd, su cabello castaño lacio y su cara de niño. Machado veía de vez en cuando a sus lados, esperando que ella apareciera por cualquier dirección en la acera, así que cuando vio el Lincoln MKZ, color blanco platinado deteniéndose justo al frente de él quedó literalmente con la boca abierta.

Karen abrió la ventana automática de la puerta. Luego de leer varias veces la carta de María Andrea y despedirse de su mamá en la clínica, Karen había vuelto a la casa y encontró en el mismo cajón de los bolígrafos y los lápices, el recibo por la revisión del auto. Resultó que sólo se había pinchado una llanta el sábado, justo un día antes del evento desafortunado que la dejó en la mitad de la nada, con todo el cuerpo magullado. Pero aquel recibo le reveló mucho más que el nombre del taller dónde lo había dejado, le reveló también el nombre del propietario. Pablo Emilio Santís lo había importado directamente de Estados Unidos y lo había puesto a su nombre, aunque en el recibo aparecían ambos como copropietarios. Si Karen requería alguna prueba de lo que sentía aquel hombre por ella, era aquel fabuloso vehículo.

-¡Súbete!- le dijo Karen a Richard, bajando un poco los lentes de sol que complementaban el atuendo deportivo que se había puesto aquella mañana.

-Wow, esto sí es una nave- dijo Richard al entrar al carro.

-Está bonito ¿verdad?

-¿Bonito?  está fabuloso… ¿Cuánto cuesta una joya de estas?

-No lo sé, al parecer fue un regalo que me hicieron.

-El que te regaló este carro debe amarte con todas las fuerzas de su alma.

-Eso espero- dijo Karen sin quitarle la vista a la calle.

-Bueno ¿Y pasando a otros asuntos menos gratos? ¿Qué es eso tan importante que querías consultarme que me hiciste cancelar todas las citas de esta tarde?

-No te preocupes, te dije que te iba a pagar por toda tu tarde, en realidad necesito tu opinión sobre un asunto muy importante.

-¿Me puedes contar ahora?

-No, para que me entiendas tengo que mostrarte algo.

Karen tomó la Avenida San Carlos, que tenía de avenida, lo que ella tenía de astronauta rusa y se dirigió hasta la vía a Tolú. Le costó trabajo mantener la compostura mientras se dirigía a aquella zona de la ciudad, pero tenía que enfrentar lo que había pasado y tenía que hacer algo al respecto, pero lo primero era entender por qué carajos tenía la cabeza vuelta una telaraña de recuerdos falsos o incompletos, en el mejor de los casos. Detuvo el automóvil justo al frente de los negocios ubicados en el mirador.

-Llegamos- dijo ella tomando su cartera AMcQ del asiento trasero y saliendo de su fantástico auto.

-Bueno, al menos tenemos el sitio para nosotros solos- dijo Richard al entrar y ver el montón de sillas y mesas vacías en el lugar, medio minuto antes que una despampanante morena se acercara a preguntar que querían para tomar.

-Dos cervezas está bien- dijo Karen, mientras se sentaba en una de las mesas contiguas a la baranda de donde se podía apreciar el esplendor de la sabana en toda su amplitud.

-Wow, había olvidado lo hermosa que es la vista aquí- dijo Richard acomodándose, mientras le recibía la cerveza fría a la mesera.

-Pensé que venía a una consulta, no a una cita de tragos- dijo él luego de tomar el primer sorbo- no es que me esté quejando, por supuesto.

-¿Ves aquella casa de allá?- preguntó Karen señalando la casa de Jaider y su tía Noris. Podía tener los recuerdos confusos, pero ni aquella casa ni sus habitantes se borrarían jamás de su memoria.

-¿La del techo de zinc? ¿Qué pasa con ella?

-El lunes en la madrugada, las personas que viven allí, me encontraron tirada cerca de allí, estaba completamente golpeada, adolorida, magullada… y violada.

-Karen, yo…

-Deja termino… si como todo eso no fuera suficiente, cuando me bañé y me quité toda la sangre y la mierda de encima, y decidí ir a mi casa, me di cuenta que nada de lo recordaba era real, que todo lo que estaba en mi cabeza estaba equivocado, errado… que mi vida tal y como la recordaba ya no existía. Ya no era la Karen universitaria, cuyos problemas se reducían a decidir con que muchacho me debía quedar… ahora al parecer soy una zorra desgraciada que le he hecho la vida miserable a todo el que se ha cruzado por mi camino, quitándoles hasta las ganas de vivir. Y no entiendo, Richard, no entiendo cómo es que mi vida no es como la recuerdo. Mira…

Karen sacó las hojas con las anotaciones que había hecho en la mañana, cada una con un nombre escrito en la parte de arriba y con las diferencias entre lo que ella recordaba y lo que en realidad era cierto sobre ellas. Richard empezó a leerlas con detenimiento, una por una, deteniéndose de vez en cuando para revisar algo escrito en las hojas anteriores. Las había terminado todas, cuando se rascó la cabeza y volvió a leerlas todas de nuevo.

-Esto no es una broma ¿verdad?- dijo Richard sin quitar los ojos de las hojas.

-Ojalá lo fuera, pero lo que necesito saber ahora mismo es que rayos es lo que me está pasando…

Richard dejó las hojas sobre la mesa y la miró a los ojos.

-De acuerdo con lo que me has dicho puedo hacer algunas deducciones… pero podría estar equivocado. Tendríamos que ir a una clínica y hacerte unos estudios…

-Necesito que me digas que es lo que crees ¡ahora!

-Está bien, Karen, pero no te enojes… el día que te conocí en el bar me dijiste que tenías lo que parecía ser una adicción al Flunitrazepam y que tenías varios días sin tomarlo, uno de los efectos de la suspensión de las dosis en un adicto de esa sustancia es pérdida de la memoria, esa noche al parecer por lo que vi y por lo que me dices, te sedaron con otra sustancia, probablemente escopolamina, lo que tuvo un efecto adverso en tu sistema nervioso provocando estas alucinaciones que por alguna razón se quedaron en tu cerebro en forma de recuerdos.

-No fueron alucinaciones, era real, como tú y yo aquí, hablando…

-Karen, real es sólo un concepto, son sólo señales en tu cerebro, y esas señales se pueden alterar muy fácilmente con esa sustancia que consumiste por tanto tiempo, y encima la escopolamina y los golpes que sufriste en la cabeza… pudieron generar ese efecto. Además hay cosas aquí que no me cuadran…

-¿De qué hablas?

-En las hojas que me diste- dijo Richard tomando las hojas nuevamente- por ejemplo, en lo referente a Eloísa Saenz, aquí dice que tuvo una confrontación con Pablo Santís en su apartamento, en la que terminó con él. Y también esto sobre Kike y su abuelo y Pablo Santís y su ciudad de origen y la mujer que conoció en el puerto. Y también esto sobre Rogelio Palmira y su cuarto en la cárcel ¿Cómo sabes todos esos detalles? ¿Ellos te lo dijeron o cómo?

Karen no pudo responder… No, ni Eloísa, ni Kike, Ni Pablo, ni mucho menos Rogelio Palmira le había contado eso, pero todo estaba allí, almacenado en sus recuerdos, como si ella lo hubiese presenciado todo.

-No, no sé- dijo Karen enfrentándose por primera vez al espejismo- nadie me lo dijo, sólo lo sé.

-Karen, creo que lo que experimentaste fue una fantasía, muy vívida por la acción de las drogas, donde tomaste cosas de tu vida real, como puedo ver, y las complementaste con información irreal. Lo que se me ocurre es que por alguna razón, quizás por el golpe, tu cerebro empezó a almacenar esta información, transformándola en lo que tú crees que  pueden ser recuerdos. El hecho que parte de esa información irreal se haya tornado relevante a un nivel en que recuerdas detalles íntimos de estas personas, es la mejor prueba de ello.

Karen tomó otro trago de cerveza, que ya se empezaba a calentar.

-Mis recuerdos, los de verdad ¿Crees que alguna vez los pueda recuperar? ¿Qué vuelvan?

-En el caso de la amnesia por causa del Flunitrazepam, esta es temporal, el paciente hasta donde sé recupera gran parte de sus recuerdos en cuestión de días. Pero lo que no sé es que efecto tuvo la droga que te echaron para…para abusar de ti… y lo que más me preocupa es que en la caída por ese abismo te hayas dado un golpe que te haya ocasionado un daño cerebral agudo. Karen, en tu situación no es conveniente que andes así, como si nada. Tenemos que hacerte un examen de sangre, una resonancia magnética o una tomografía para ver el estado de tu cerebro.

-Richard, te prometo que me voy a hacer todo eso que dices, quiero vivir ¿sabes? Pero no quiero vivir como la persona que se aprovechó de todo el mundo para llegar donde está, quiero ser esa persona que está en mis recuerdos, justa y sencilla.

-Bueno, ese carro no es para nada sencillo- dijo Richard mirando su Lincoln Blanco- pero para saber eso, si tus recuerdos regresaran o no, tienes que hacerte esos estudios. No regresarán de un momento a otro, sino poco a poco, y pues Karen, lo importante es que te has dado cuenta que has obrado mal y no quieres volver a hacerlo, eso no tendría por qué cambiar.

-Gracias Richard- dijo Karen tomándole la mano al psicólogo- Es mejor que nos vayamos de una vez por todas.

Karen se subió al automóvil, mucho más calmada y relajada, con una mejor idea de que era lo que había pasado con ella, y tal como le había dicho a Machado, tomaría cuidado de su situación una vez terminara un par de asuntos que tenía pendientes.

-Eh, Karen ¿A dónde vamos?- preguntó Machado cuando vio que Karen se dirigía en dirección opuesta a Sincelejo.

-No te preocupes, Richard, no me voy a demorar, sólo voy a buscar algo que me pertenece… no creíste que vine aquí sólo por la vista  ¿o sí?.

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