Capítulo 26.

-Una vez más, Karen, te voy a quitar la cinta de la boca, te voy a soltar ¿vale? Pero te pido por favor que no vayas a gritar ¿vale? Acabo de darle a Kike una pastilla para dormir, pero con lo alterado que está, se puede despertar en cualquier momento y no creo que te quiera dejar ir tan fácil como yo… ¿me entendiste?

Karen asintió con la cabeza.

-Nada de gritos, está bien, sé que está es la pregunta más tonta que haya hecho en mi vida, pero ¿puedo confiar en ti? ¿Puedo confiar en que no vas a gritar?

Karen volvió a asentir, esta vez muy rápidamente.

-Un momento- dijo Alex quitando con gentileza la cinta que cubría la boca de Karen. Quitar la primera capa fue sencillo, pero en el momento en que le tocó remover la capa que le tocaba la piel del rostro y el cabello, fue muy difícil cumplirle la promesa a Alex y no empezar a gritar del dolor. Pero Alex se dio cuenta y le removió la cinta lo más rápido que pudo.

Las cintas que le mantenían fijas las muñecas, los tobillos y la cintura fueron más fáciles de quitar. Alex tomó el cuchillo que había traído y cortó las ataduras una a una dejando a Karen libre de su cautiverio.

-Gracias por cumplir lo que prometiste- dijo Alex, mientras ella se levantaba de la silla con dificultad.

-No, tenía por qué no hacerlo.

-Sígueme- dijo Alex subiendo las escaleras con sumo cuidado. Pare evitar cualquier ruido, Karen se quitó las sandalias de color negro que se había puesto aquella mañana. A pesar de todo lo que le había dicho Kike, de todo el daño que le había hecho a él y a Alex, Karen se sentía contenta de hacer algo en secreto con su mejor amigo, aunque en aquella realidad no lo fuera más.

Cruzaron la sala que estaba completamente a oscuras. Alex tomó algo que había sobre la mesa y salió con Karen a la terraza de la casa, donde la moto de Kike los estaba esperando.

-Toma, esto es tuyo- dijo Alex entregándole su cartera Alexander McQueen- tenemos que irnos ahora.

Alex giró la llave en el contacto de la motocicleta y las luces de la misma iluminaron aquel callejón estrecho y sucio. Dio la patada de encendido. Nunca antes, Karen había sentido que el motor de una motocicleta fuera tan ruidoso como aquel.

-Karen ¡Súbete ya!- le dijo Alex agobiado por la situación.

Mientras se subía en la moto, Karen se imaginó a Kike Narváez saliendo de la casa con un machete para intentar matarla, allí mismo frente a Alex y que ella moría en una orgía de sangre y órganos colgantes, pero cuando se dio cuenta ya habían salido hasta la entrada de la Universidad de Sucre.

-¿Dónde te dejo?

-Boston.

-¿Entonces vives allí?

-Eso creo.

-¿Cómo así que eso crees?

-Últimamente no recuerdo muy bien lo que me pasa.

-Pero sí debes recordar que esa era la casa en la que vivía con mi papá ¿verdad?

-¿Hace cuanto se mudaron de allí?

-¿Mudarnos? Karen, si te estás haciendo la loca, no es nada gracioso.

-Alex, te juro por Dios que en estos días la cabeza la tengo hecho un nido de telarañas, todos mis recuerdos son extraños…

-¡Ya basta! Te voy a dejar en la casa y nos olvidaremos de esto para siempre.

En el resto del camino imperó el Silencio. Debían haber pasado unas cuantas horas porque los negocios empezaban ya a cerrar en la Avenida Las Peñitas y en la Avenida Mariscal, por donde Alex tuvo que cruzar para dejar a Karen en su casa.

-Listo, te dejo aquí, espero no tener que verte nunca más, Karen- dijo Alex mirándola con dolor.

-Alex, no te he dado las gracias.

-No las necesito, sólo necesito que te olvides de esto. No vayas a ir a la policía por lo que Kike te hizo, tú lo viste, estaba completamente fuera de sí. ¿Cómo es que terminaste allí?

-Bájate de la moto y conversamos un rato- dijo Karen sentándose en el andén frente a su casa, justo debajo del árbol en que Marcial se había sentado en su taburete aquella tarde. Para su sorpresa Alex accedió. Se bajó de su motocicleta y se sentó justo al lado de ella. Contemplaba la casa como si le doliera el alma al verla.

-¿Yo les quité la casa?- preguntó Karen sin mirar a Alex.

-¿Es en serio toda esa basura de que no recuerdas bien y que tienes tus recuerdos embolatados?

-De acuerdo a lo que me dijo Kike cuando me tenía amarrada, tendría que haber estado loca para haber intentado hablar con él. ¿Eso no te convence?

-¿Tú lo buscaste? Pero ¿Para qué o qué?

-Esta mañana desperté tirada en el fondo de un abismo, a un lado de la carretera a Tolú, estaba golpeada- dijo ella subiéndose las mangas de su conjunto, mostrando los raspones y verdugones sobre su piel- No sé como terminé ahí, lo único que sé con seguridad es que abusaron de mí, me violaron ¿entiendes? Y no sé si me caí, o me arrojaron, o si me querían muerta…

-¿Quién te hizo eso?

-Eso es lo que no sé, Alex- dijo Karen intentando reprimir las lágrimas- cuando desperté todo era diferente.

-¿Diferente cómo?

-En mi cabeza, hasta ayer yo vivía con mi tía en Villa Natalia, estaba llorando el engaño de Kike, de mi novio,  por haberse acostado con Sofía Martínez en un video y que ella era tu novia y también la amante de Pablo Emilio Santís, el rector, que él había sido el culpable de los atentados en la universidad y que le había puesto una trampa a Antonio Cabrero para culparlo de todo, para poder ganarse el favor de Rogelio Palmira. Pero me despierto y mi tía ya no está, Kike me desprecia por algo que le hice a él y a Sofía. Pablo Emilio Santís y yo tenemos una relación y aparece en una foto, feliz de la vida con Rogelio Palmira y Antonio Cabrero.

-¿Es en serio todo eso que me dices?

-Ya quisiera yo que todo fuera mentira, Alex- dijo Karen afectada por el llanto- no sé qué me pasa Alex, creo que me volví loca

-Bueno, tan loca no creo que estés, parte de lo que dices es verdad, sólo que pasó hace mucho tiempo- dijo Alex- tú vivías en Villa Natalia ¿Recuerdas? Al lado vivimos por un tiempo mi papá, mi mamá y yo, por eso siempre fuimos buenos amigos, Karen. Lo de Kike, Sofía y el video si fue un poco diferente.

-¿Diferente cómo?

-Pues, Karen, tú y yo estábamos como en tercer semestre, cuando pasó lo de las explosiones, al parece tú lo pusiste a salvo, pero todo empezó a ponerse mal después.

-Esa parte me la dijo Kike, dijo que me obsesioné con él.

-Sí, Karen, estabas como loca y bueno… fue entonces que pasó lo del video. Kike me dijo que tú le había robado un video donde salía él con Sofía, teniendo sexo y tu lo filtraste en Internet, lo mandaste a todos los correos que tenías en tu cuenta. Y pues bueno, la credibilidad de Kike como líder estudiantil se fue al carajo… pero fue Sofía la que nunca se recuperó de las burlas y la vergüenza. Se cortó las venas, sus papás no se dieron cuenta de nada hasta el día siguiente.

-Dios Mío- dijo Karen poniéndose las manos sobre el rostro.

-Kike nunca lo superó, incluso ahora, después de todo este tiempo, sé que todavía la quiere mucho ¿te imaginas lo que tuvo que haber sentido cuando te vio?

-Debió sentir ganas de matarme.

-No lo juzgues, trata de ponerte en su lugar, está muy afectado…

-Tranquilo, Alex, si hay alguien que lo puede entender soy yo, además no quiero hacerle ningún daño a Kike… ¿Cómo es que ustedes…?

-Luego de lo de Sofía y lo de mi papá, él y yo empezamos a hablar mucho, creo que más que todo para hablar de cuanto te odiábamos. Y pues, no sé, las cosas se empezaron a dar… ahora creo que no puedo vivir sin él.

-Y por lo que vi, creo que él tampoco podría hacerlo sin ti.- dijo ella reconociendo la verdad- Pero ¿Qué fue eso tan espantoso que le hice a tu papá que me odias tanto?

-Yo ya no te odio, te perdoné hace mucho.

-¿De verdad?

-De verdad…  Me utilizaste para abrir su caja fuerte… te robaste información muy delicada, sobre todo una tarjeta de memoria con una conversaciones de él, con la gente que participó en el ataque a la universidad, unos guerrilleros que querían matar a Santís. A mi papá lo metieron preso, nos tocó vender todo para pagar la defensa, incluso una parte del periódico y pues después nos enteramos que la que había comprado la casa habías sido tú. Publicaste ese libro donde terminaste de enlodar a mi papá… ¿por qué nos hiciste todo eso, Karen?

-Te juro por Dios que no es así como recuerdo las cosas.

-Eso no importa ya… lo que importa es que confío en que esta será la última vez que nos veamos- dijo él levantándose del andén y dirigiéndose a la motocicleta.

-¡Alex! ¿Te puedo hacer una pregunta?

-¿Qué me quieres preguntar?- dijo él subiéndose a la motocicleta.

-¿Tú me amabas?

-Más de lo que me amaba a mí mismo, Karen.- dijo él, encendiendo la moto.

-Alex, de verdad, perdóname, te juro por Dios que voy a tratar de hacer todo lo que esté a mi mano para devolverte lo que es tuyo y tratar de enmendar en algo el daño que te hice a ti y a Kike.

-No te preocupes, Karen, con que desaparezcas para siempre, estés o no estés loca, es más que suficiente.- dijo Alex antes de desaparecer con su moto en la zozobra de la noche.

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