Capítulo 16.

Un sol cálido y suave se empezaba a poner lentamente sobre el horizonte de la sabana sucreña. Karen había extendido sobre su cama la chaqueta que tanto sacrificio le había costado comprar, la acariciaba lentamente, mientras sus ojos se cansaban de tanto llorar. “¿Por qué, Kike, por qué?” Había dejado su teléfono a un lado de la chaqueta y había esperado toda la tarde su llamada. Era él el que tenía que darle explicaciones y si en algo valoraba su relación, tendría que llamarla tarde o temprano. Pero las horas pasaron y aquel hombre que tanto amor y tanta pasión le inspiraban no aparecía por ninguna parte.

Eran las seis de la tarde cuando decidió levantarse. No se preocupó por los platos que se apilonaban en el fregadero, ni por lo que habría de comer su tía cuando llegara de trabajar. Se puso los zapatos deportivos más cómodos que tenía, se recogió el cabello en una cola de caballo y luego de colocarse sus gafas de sol favoritas, se dispuso a salir a la calle.

Crash me to the ground.

El sol se veía hermoso en el horizonte, calentando un poco la tristeza profunda que se agolpaba en su interior.

Silent and way sound.

Bajó las escaleras que daban hasta la angosta calle donde se ubicaba su casa. El forraje del lote del frente empezaba a crecer nuevamente, pero Karen no vio el peligro, sino la belleza del verde inmaculado contrastado con el dorado intenso del sol filtrándose a través de él.

Under my own fear.

Caminó hasta la salida del barrio, hubiese sido sencillo tomar una moto, y llegar hasta su destino, pero quería seguir caminando. Eso le hacía bien.

And I. I didn’t see the signs that were around and why?

Tomó la calle de La Libertad, donde su extraña y divertida estatua, que nada tenía que ver con la dama apostada en la entrada de Nueva York, parecía darle ánimos, mientras cargaba una enorme vasija de barro en su cabeza.

My time was borrowed time

Subió la calle empinada hasta Las Margaritas, con sus antejardines y sus árboles que emanaban frescura a cada paso y con cada toque del viento.

Where were the signs?

Vio los niños jugando en los parques, anhelando para sí, aquella inocencia y aquella alegría que ahora parecía tan distante y remota.

Descending life. Torn to the skies.

Siguió caminando por las casas cuyas fachadas tardaban más en cambiar para ajustarse al estilo de moda, que en ser vueltas a picar y demoler, para que sus dueños no pasaran la vergüenza de tener una casa pasada de moda.

Passing by the memories and you and I pretending.

Llegó hasta la iglesia del Socorro, donde un conjunto de ancianas emperifolladas conversaba a gusto con un sacerdote que parecía a punto de echarlas a patadas.

Descending now,

Atravesó la Avenida Mariscal hasta llegar a aquel barrio, en el que una noche había cruzado los límites de la amistad, habiendo pagado un precio muy alto. La canción que tenía en la cabeza se hizo más intensa cuando presionó el botón del timbre. Segundos antes que la puerta se abriera.

Lights fading down…

¿Karen?

-Alex, que alegría me da verte- dijo Karen echándose a los brazos de su amigo, que no correspondió al gesto.

-Karen ¿Qué haces aquí?- dijo él tomándola de los brazos y separándola de su cuerpo.

-Necesito alguien con quien hablar, Alex, por favor.

-Yo no tengo nada que hablar contigo, Karen- dijo Alex con una tranquilidad pasmosa, apostado en el marco de la puerta, descalzo y con un pijama, hermoso como siempre.

-Alex, de verdad, necesito un amigo, por favor, no me dejes aquí- dijo ella tratando de controlar el llanto que parecía una inundación incontrolable detrás de sus ojos.

-Karen, lo que pasa es que tu y yo dejamos de ser amigos hace mucho tiempo.

-¿Es por lo del beso?

-Es porque tú decidiste echar a la basura todo lo que yo sentía por ti, para irte detrás de un tipo que ni siquiera conocías. Y ahora que por fin estás pagando las consecuencias ¿pretendes venir aquí, a mi casa, a que te preste mi hombro para llorar?

-Ya entendí- dijo Karen sin quitarse los lentes- Lo que estás es ardido porque no quise tener nada contigo.

-Piensa lo que te dé la gana, a mi no me importa nada, nada que tenga que ver contigo ¿Me escuchas? ¿Captas? Ahora si me disculpas, estoy esperando a mi novia, una mujer, una hembra que si vale la pena…no como tú. – dijo Alex cerrándole la puerta en la cara.

Esta vez no sintió deseos de llorar. El cielo ya había oscurecido y las luces de la Zona Rosa de Sincelejo se encendieron casi al unísono. A Karen no le costó trabajo llegar hasta allí, la casa de Alex estaba a menos de 3 cuadras de la Avenida Mariscal, justo donde se esparcían como maleza los negocios más solicitados de la ciudad.

Karen se soltó el cabello, sin quitarse los lentes de sol y dio una mirada rápida a la calle. No le fue difícil localizar un lugar donde vendieran alcohol y a esa hora.

Sector 15 se encontraba justo en el local donde en algún tiempo existió una sala de cine, pero sus nuevos dueños lo habían remodelado de tal forma que parecía un viejo pub inglés. Para sorpresa de Karen, el lugar ya contaba con varios clientes. Se acercó a la barra y haciendo uso de los restos de sus ahorros pidió un coctel. Quería olvidarse de Kike, de Alex, de la Universidad de Sucre, de su tía, de todo, sólo quería embriagarse y ser libre por unos minutos, aunque al día siguiente tuviera que sostener el peso del mundo en sus hombros.

Se dio cuenta que varios de los presentes la observaban. Definitivamente una chica con lentes de sol y zapatos deportivos en un bar de la Zona Rosa a esa hora de la noche, tendría que llamar la atención. Pero le daba igual si la estaba viendo Justin Bieber sólo quería perderse entre el sabor y la sensación del licor invadiendo su cuerpo.

No le puso atención al reloj, el lugar se llenaba a cada segundo, hasta que fue evidente que pronto no habría lugar para nadie más. Iba por su tercer cóctel, cuando sintió que alguien la empujaba para tratar de llagar hasta el barman.

-Oye ¿Estás ciego?

-Discúlpame, discúlpame- dijo el sujeto imprudente, con su cabello castaño oscuro, cabello lacio y rasgos demasiado infantiles para alguien de su edad- Oye, bonitas gafas.

-Te las vendo.

-Te las compro.

-¿Es en serio?

-Completamente. ¿Cuánto quieres por ellas?

-Pues aún no he pagado este coctel.

-Trato. Hey, amigo, una cerveza y el coctel de la dama. Listo. Mis gafas.

-Tus gafas.

-Un placer hacer negocios contigo- dijo el muchacho- poniéndose los lentes de inmediato. A propósito mucho gusto, Richard.

-Karen.

-Que gusto ¿quieres bailar?

-¿Por qué no?

Karen tomó un sorbo largo de su bebida y siguió a Richard hasta la pista de baile que ya estaba atestada. El muchacho era muy buen bailarín, bailando salsa, vallenato, reggaetón, merengue y todos los ritmos y lo mejor fue que no trató de sobrepasarse con ella. De hecho estaba disfrutando su momento con el muchacho y sus lentes de sol, cuando vio a una pareja muy extraña subiendo hasta el segundo piso del lugar.

-¿Qué hay en el segundo piso?- preguntó Karen.

-Los privados VIP- respondió Richard.

-Discúlpame un momento, vi a alguien que conozco ¿me esperas aquí?

-Claro, no te tardes.

Subió las escaleras con cuidado, estaba un poco mareada por el licor, pero había visto algo muy extraño. Quizás era el efecto de los cócteles, o quizás no era nada, pero tenía que comprobarlo.

La zona de VIP era en realidad un pasillo con muchas puertas numeradas. La pareja que había visto subir, debía estar tras alguna de ellas. No le fue difícil saber en cual, porque sus propias voces los delataron.

-Me da mucho gusto tenerte aquí, a solas, conmigo- dijo la voz del sujeto.

– Tenemos toda la noche- dijo ella, una voz que a Karen le parecía familiar.

De repente se escucharon pasos subiendo la escalera. A Karen no le quedó más remedio que meterse en uno de los privados. Un mesero traía una enorme botella de lo que parecía ser vino espumoso, dos copas y una jarra repleta de hielo. Afortunadamente no tardó y lo mejor, había dejado la puerta del privado entreabierta.

Karen se asomó por el espacio dejado por la puerta y confirmó la sospecha inicial que tenía. Allí, dentro de aquel privado, estaba nada menos que Pablo Emilio Santís, el rector de la Universidad de Sucre.

-¿Qué le dijiste a tu novio?- preguntó él a su acompañante a quien Karen no podía distinguir bien.

-Que voy a estudiar ¿te imaginas?- dijo ella riendo a carcajadas. Karen definitivamente había escuchado aquella voz. Si tan solo pudiera ver el rostro de aquella mujer.

-Brindemos- dijo Santís entregándole una copa a la mujer y quedándose él con una- por un plan perfecto ¡Salud!

-¡Salud! ¿Y qué sigue ahora? – dijo la mujer a la que Karen seguía sin poder ver.

-Dejaré que pase el fin de semana y el lunes, saldré ante los medios de comunicación informando de las actividades extracurriculares de Kike Narváez en esa revista de guerrilleros, que sumado con lo del video, lo destruirá por completo. Perderá toda la credibilidad que tenía, el muy miserable.

-Es un tonto, sólo así se explica que estuviera con la estúpida esa de Karen Massier- dijo la mujer.

-¿Por qué la odias tanto?

-Me cayó mal desde la primera vez que la vi- dijo la mujer, que ahora se movió y quedó en el ángulo de visión de Karen.

La reconoció, era la misma mujer que aparecía en las fotos con Alex en facebook, la misma que había ido a su casa el día de las explosiones en la Universidad de Sucre. Era Sofía Martinez.

-A propósito, te agradezco la intención que tuviste delatando al miserable ese, sin tu información la policía nunca hubiese sabido que estaba en esa casa en Villa Natalia- dijo Santís, mientras Karen cubría su boca aterrada, fuera de la habitación.

-De nada, lo hice con mucho gusto, de hecho siempre que me des lo que quiero estoy dispuesta a darte lo que tú quieras- dijo Sofía mientras besaba apasionadamente a Santís.

-¿Cómo hiciste para convencer a Kike de que se acostara contigo?- preguntó Santís- es decir, yo se que tienes lo tuyo, pero igual él estaba con esa tal Karen.

-Nada, el tipo es un perro, ni siquiera tuve que conquistarlo, fui con la excusa de una queja al consejo directivo y se me vino encima. Me sorprendería si esa hubiese sido la primera vez que engañaba a la tonta esa.

-Bueno, al menos ahora tenemos ese video.

-Me preocupa que llegue a tomar represalias contra mí.

-Despreocúpate.  Después de esto, Kike Narváez se va a largar de la Universidad y de Sincelejo para siempre, terminará de hundirse como el desgraciado de Antonio Cabrero y ni siquiera tuve que ponerle bombas a la Universidad de Sucre.

Karen se movió detrás horrorizada, perdiendo el equilibrio y apoyándose en la pared para no caerse.

-¿Qué fue eso?- preguntó Sofía.

-Hay alguien en la puerta. ¡Nos están oyendo!.

Karen se puso de pie y se disponía a correr y a gritar cuando sintió la presión de una manaza en la boca. La arrastraron hasta el privado que esta vez si fue cerrado completamente.

-¿Te gusta escuchar las conversaciones ajenas, niña tonta?- preguntó Santís.

-Pablo, es Karen Massier ¡y escuchó todo!

-¿Qué? Así que tu eres la noviecita de Kike Narváez, pues no tiene mal gusto el muchacho.

-¿Qué crees que estás haciendo? Nos acaba de escuchar.

-Tampoco podemos sacarla gritando de aquí.

-Tengo una idea.

Karen vio horrorizada como Sofía sacaba de su bolso un frasco de pastillas blancas y azules.

-Le vamos a dar esto y la sacaremos de aquí como si se hubiese quedado dormida.

-¿Qué diablos es eso?

-No te preocupes, sólo vamos a darle muchas… igual si se muere, mejor.

Sofía cubrió la nariz de Karen mientras Pablo dejó el espacio suficiente para meterle todas las pastillas en la boca. Karen intentó no tragarlas, pero luego la tumbaron boca arriba, con la nariz cubierta y le abrieron la boca lo suficiente para echar un chorro del vino espumoso en su boca. Era todo, era tragar las pastillas y respirar, o ahogarse con el vino . Su instinto de supervivencia se impuso. Tragó todas las pastillas.

Santís le quitó las manos de encima. Era libre de gritar, pero tenía todo el cuerpo adormecido. Vio a Sofía y a Santís observándola sin hablar, mientras sentía los parpados cada vez más pesados.

Se dejó arrastrar por completo, sin resistencia,  por aquellos hilos de hielo ardiente que la arrastraban hacía la luz, aquella luz inexpugnable que se encontraba al otro lado de la realidad, donde todos sus demonios ya la estaban esperando.

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