Capítulo 15.

-¡Perfecto! – dijo Karen al ver la hermosa chaqueta de colección que la vendedora había puesto sobre el mostrador. Era una hermosa prenda de cuero legítimo, con apliques metálicos en acero inoxidable y con un modelo sobrio y elegante.

-¿Está segura de la talla?- dijo la vendedora, tan tiesa y estirada, que en lugar de vendedora de ropa, parecía la empleada de una funeraria.

-Sí, estoy segura- respondió Karen- ¿Cuál es el precio?

-La chaqueta tiene un precio de $780.000, pero como estamos en promoción, tiene un 25% por ciento de descuento, por lo que le queda en $585.000, con IVA incluido.

-¡¿Qué?!- dijo María Andrea, casi gritando- Casi $600.000 por una chaqueta… ni que estuviera bañada en oro.

-¡La llevo!- dijo Karen haciendo caso omiso a su amiga.

-¿Cancela con tarjeta o en efectivo?- preguntó la vendedora funeraria.

-Efectivo.

-Sígame por acá.

Mientras la vendedora se dirigía a la caja, llevando la chaqueta con toda la elegancia y distinción que podía, María Andrea aprovechó para hablar con Karen sin que la oyeran.

-¿Estás loca?- dijo casi en susurros- ¿Vas a pagar $600.000 por una chaqueta que ni siquiera se va a poner? Por si no te has dado cuenta, vivimos en Sincelejo, no en Alaska.

-Sí, lo sé, pero hoy hace dos meses que estoy con Kike y quiero regalarle algo espectacular. Además, sí la va a utilizar, ahora en vacaciones vamos para un congreso estudiantil en Bogotá y allí la va a poder lucir.

-Sí, va a lucir una chaqueta carísima con ese montón de arrastrados que van a esos congresos estudiantiles…

-¿Mary?

-Ay sí, no me digas que Kike vive rodeado de la más exquisita élite nacional…

-No, pero sus compañeros no son ningunos arrastrados como dices, además yo los conozco a todos y son excelentes personas.

-Sí, claro, desde que te cuadraste con él, ya eres una de ellos, ya ni siquiera te acuerdas de tus amigas…

-Ay Mary ¿cómo se te ocurre decir que…?

-Por acá me cancela- dijo la vendedora.

Karen sacó de su bolso el paquete de billetes que con tanto esfuerzo había ahorrado en el último año, para procurarse, según ella una pinta decente para diciembre, sin imaginar que terminarían en aquel costoso regalo para su novio.

-No preguntaste si lo podías devolver- dijo María Andrea cuando ya habían escapado de la vista de la Morticia Adams que las había atendido.

-No la voy a devolver, es un regalo para Kike y pienso dárselo mañana mismo.

-¿Estás muy enamorada verdad?

-Muchísimo.

-Me alegra mucho, Karen. Bueno, te dejo, mira la hora que es y no hay nadie quien cocine en mi casa- dijo María Andrea despidiéndose de su amiga con un abrazo- Me llamas más lueguito.

-Gracias por acompañarme- dijo Karen viendo como María se subía con un mototaxi y le decía adiós con la mano.

Karen estaba tan emocionada de darle a Kike su regalo, que no escatimo en esfuerzos para entregarle su regalo intacto, tanto así que tomó un taxi para que la chaqueta no fuera a doblarse o a maltratarse. Al llegar a su casa en Villa Natalia, se dio cuenta que su tía aún no volvía de su trabajo, lo que significaba que a ella le tocaría hacer la cena, pero estaba tan cansada luego de caminar toda la tarde con María Andrea, buscando el regalo perfecto, que lo único que se le ocurrió fue hacer unos espaguetis sencillos.

Había terminado de rayar el queso que esparciría sobre la pasta, cuando cayó en cuenta que desde el día anterior no hablaba con Kike. Tomó su teléfono celular y le marcó de inmediato. La primera vez timbró y timbró hasta irse a correo de voz. La segunda vez pasó lo mismo. La tercera vez luego de dos timbrazos, finalmente se abrió la llamada.

-¿Karen?

-Hola, mi amor ¿cómo estás?

-Bien, bien, Karen ¿Qué necesitas?

-Pues, necesitaba escucharte, mi amor. Decirte que te quiero mucho.

-Eso me lo dices todo el tiempo ¿no?

-Sí, pero no me canso de hacerlo.

-Ay, Karen.

-¿Y qué estás haciendo, mi amor?

-Estaba estudiando para un parcial, Karen, la verdad, tú discúlpame pero no tengo tiempo para hablar contigo ahora.

-Kike ¿Te pasa algo?

-¿Algo de qué o qué?

-Tú nunca me habías hablado así.

-¿Tiene que pasar algo para decirte que no tengo tiempo para hablar contigo ahora?

-No, sólo que me extraña que me trates de esta forma.

-Bueno, pues si no te gusta, no me llames y ya– dijo Kike antes de que le colgara la llamada.

1:02 marcó el tiempo en la pantalla de su teléfono celular, que casi de inmediato lanzó una notificación de facebook. “Alex Pedroza ha subido 7 fotos”  Karen tocó el anuncio que un segundo después le mostró las 7 fotografías.

Desde el día de la fogata, Alex se había distanciado tanto de ella, que Karen se preguntaba si de verdad seguían siendo amigos. Aunque compartían la mayoría de sus clases, apenas sí la saludaba. No volvió a hacer trabajos con ella, ni con María Andrea, prefiriendo trabajar solo, que hacerlo con ellas. No volvió a llamarla, ni a saludarla por el chat, ni a invitarla a cine, pero lo más cruel fue que no volvió a mirarla a los ojos.

Poco tiempo después, supo que el que alguna vez fue si mejor amigo, tenía una relación con Sofía Martínez, la misma que estuvo en su casa, el día que la policía se llevó preso a Kike. Todos los días subía fotografías con ella, donde se veían felices. Comiendo helado, en playa, en alguna discoteca, en el parque ambulante de diversiones y hasta comiendo con sus respectivas familias. Sin duda lo que tenían aquellos dos no era nada pasajero.

La decepción de la llamada de Kike no hizo más que confundirla. Se preguntó si aquella noche, al quedarse en los brazos de Kike y no salir corriendo tras Alex, había tomado la decisión correcta. Pero quizás estaba exagerando. Kike había sido amoroso, compresivo y sobre todo un buen amante. No tenía razones para quejarse de él, excepto aquella llamada. Se tranquilizó pensando que Kike estaba preparando algún tipo de sorpresa y por eso estaba actuando así. Quizás.

***********************************************************************

Era casi la hora del almuerzo cuando Karen salió de la última clase que tenía aquel día. Era el día en que cumplía dos meses con Kike Narváez contando desde aquella noche mágica en la fogata. Había pasado toda la mañana intentando comunicarse con Kike, pero su teléfono sonaba ocupado cada vez que lo intentaba.

Salió sola del salón de clases, puesto que María Andrea no veía aquella asignatura en ese horario, sino por las horas de la tarde, por cuestiones de cupo. Sin duda se la encontraría en la cafetería, como siempre ocurría aquel día de la semana. Transitaba por el camino de acceso hasta la plaza central, cuando vio un grupo de estudiantes sentados bajo la sombra de una ceiba, prestando demasiada atención a un teléfono celular. Se reían a carcajadas. Aquello no sería extraño de no ser porque a escena se repitió  tres veces más de camino a la cafetería. Karen pensó que seguramente sería una estúpida broma, un meme, o un video tonto de esos que publicaban a cada rato en internet.

Había entrada ya al bullicio de la cafetería, cuando se percató que había varios grupos que la señalaban y la observaban entre susurros. “¿Qué rayos está pasando?” se preguntó Karen, tratando de disimular que no se daba cuenta de nada. Se dirigió hacía la barra, donde esperaba terminar de disimular comprando un jugo, para luego largarse de allí, pero alguien la interceptó.

-Karen, ven conmigo rápido- dijo María Andrea tomándola del brazo, dirigiéndola hasta la plaza central, contigua a la cafetería.

-¿Qué pasa Mary? ¿Por qué me traes hasta acá? ¿Qué pasa?

-Karen ¿Has hablado con Kike hoy?

-No ¿Por qué? ¿Qué pasa María Andrea? ¿Por qué tanto rodeo?

-Mira nena, mejor sentémonos en la sombra y hablemos.

-¡NO! Dime ahora mismo que es lo que está pasando, María Andrea ¿Por qué todo el mundo se estaba burlando de mi en la cafetería?

-Es mejor que lo veas por ti misma, amiga- dijo María Andrea entregándole su teléfono celular a Karen- Dale play.

Era un video. Una habitación demasiado genérica para ser real, como esas de los hoteles o de los moteles de paso. Había dos personas allí. Una mujer de cabello negro, suelto, de espaldas a la que no se le veía el rostro, con un reloj de diseño extraño; y un hombre debajo de ella. Karen no tuvo que hacer ningún esfuerzo para reconocer al dueño de aquel tatuaje en forma de hacha en el centro del pecho.

En el video Kike estaba teniendo sexo de manera apasionada y sucia con aquella mujer, frotándose los dedos en la lengua para luego pasárselos a ella por los senos y la boca. La mujer de cabellos negros gemía como loca, mientras saltaba sobre él.

-Dale, mami, dale, dale…- decía Kike en el video.

A los 3 minutos y 20 segundos, la mujer alcanzó el orgasmo, con unos gritos fenomenales y 10 segundos después lo hacía Kike retorciéndose como una serpiente debajo de la mujer. Karen le entregó el teléfono celular a María Andrea, luego de ver el final.

-Estaban diciendo que eres tú, pero tú no tienes el cabello negro, ni liso.

-¿Y eso que importa ahora, Mary?- preguntó Karen al borde de las lágrimas- Ese que estaba allí era MI novio, el hombre que yo amo ¿Por qué me hizo esto?

Karen no lo pudo soportar más y empezó a llorar profusamente, mientras María Andrea trataba de consolarla.

-Nena, no llores, ¿quién quita que lo hayan tomado antes que tú estuvieras con él? Por eso te pregunté si habías hablado con él hoy.

-No, Mary- dijo Karen entre lágrimas – ese tatuaje, en el pecho, él se lo hizo hace un mes, cuando se supone que estaba conmigo, conmigo ¿me entiendes?

-Karen por favor, no te pongas así. Mira que el que quedó mal fue él, tú no, tu eres una princesa, una dama, nena, no te puedes mortificar así.

-Ay, Mary, me siento tan mal, me quiero morir, Kike me engañó y lo peor es que ahora todo el mundo lo sabe ¿con qué cara voy a venir mañana a la universidad?

-No pienses en eso, Karen, tú nunca has comido del “qué dirán”.

-No, Mary, ¿tú sabes cómo me llamaba todo el mundo cuando estuve con Kike? ¿Ah? ¡Se burlaban de MÍ por el solo hecho de estar con él, ahora imagínate con esto, Mary!

-Lo mejor es que te lleve para tu casa, no estás bien.

-No, Mary, tú tienes clases ahora- dijo Karen intentando recuperar la compostura. Yo voy a estar bien ¿ok? Yo me voy para mi casa.

-¿Vas a estar bien?

-Sí, no te preocupes.

-¿Segura?

-Segurísima, voy a salir por el atajo.

-Te llamo cuando salga de clases ¿vale?

-Vale.

Karen caminó lentamente, secándose con fuerza las lágrimas de los ojos. Vio a los chicos sentados bajo la ceiba que seguían viendo el video en un teléfono celular. Vio a un par de muchachas que se burlaban entre cuchicheos y susurros y que la veían como un animal de feria.

-Hey, primera dama ¿Te la hicieron, qué?- escuchó a alguien decir a sus espaldas.

Caminó sin escuchar, ni mirar a nadie, sólo quería salir de allí y encerrarse a llorar para siempre en la soledad de su habitación.

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