Capítulo 10.

Inalterable. Así era la expresión de Camilo Naar mientras observaba impasible las burbujas que empezaban a aparecer rápidamente en el agua a punto de bullir. Tenía la mesa de la cocina firmemente agarrada. Era la manera de descargar todo el nerviosismo y la tensión que sentía en aquellos momentos. Casi sin darse cuenta había dejado su vida y su carrera en manos de dos muchachitos inexpertos e inmaduros. Si Juancho Pedroza se enteraba que él los había enviado a robarle la tarjeta de memoria con la prueba reina de la inocencia de Kike Narváez, no tardaría en echarlo por la puerta trasera de “El Manifiesto” como a un perro sarnoso. Pero no sólo pensaba en él, Freddy también estaba en peligro.

Camilo era un sobreviviente, no le tenía miedo a empezar de cero en ninguna parte, sabía del efecto que tenía en otras personas y sabía que no le resultaría difícil hallar otro empleo, pero Freddy no parecía de esos que se adaptaran fácilmente a la presión, ni a nada. No quedaría intacto si le tocara enfrentar a Juancho Pedroza frente a frente. Desde que había llegado al apartamento, el  muchacho no había hecho otra cosa que dar vueltas por la sala, mirar por la ventana y estar pendiente a la hora en su teléfono celular.

Era demasiado evidente que a Freddy le atraían los hombres. Camilo se había dado cuenta desde el momento en que lo invitó a pasar a su oficina, hacía ya varias semanas, por recomendación familiar; el muchacho lo había casi devorado con los ojos, además de los ademanes demasiado evidentes y el tono chillón de su voz, aún sin madurar por completo.

Freddy no tenía ni idea el efecto que causó en su primo en ese momento. Al verlo atravesar la puerta, así delgado, desgarbado y tan afeminado, el peso del pasado se apoderó de él. No quería ni siquiera recordar lo que había pasado antes del día en que decidió que el hecho que le gustaran otros hombres, no lo convertiría en una caricatura. Desde entonces asistía al gimnasio a diario, escogía muy bien su ropa y nunca se dejó crecer el cabello. Nunca nadie tendría porque deducir su orientación sexual con sólo verlo. Pero a Freddy parecía importarle tan poco todo lo que para Camilo era definitivo, que sintió un temblor en lo más profundo de sus cimientos. Freddy parecía perfectamente feliz así como era, vivía su condición de homosexual a cada segundo, sin sentarse a analizar qué era lo que pensaban las personas a su alrededor. Quizás, después de todo, podría aprender algo de él.

Camilo vertió el agua hirviendo en las dos tazas que ya tenía preparadas con azúcar y té de hierbas. Tenía que calmar a su primo, o terminaría por desgastar el piso de madera que tenía apenas dos semanas instalado.

-Toma, bebe esto para ver si se te calman los nervios- dijo Camilo ofreciéndole una taza a su primo lejano.

-¿Qué es eso? ¿Té verde? ¿Tú crees que me puedo dar el lujo de estar tomando vainas para adelgazar?

-No seas tan… bueno tan infantil, primito, es té de hierbas, para los nervios, no para adelgazar.

-Ah bueno, sí, porque esto es desesperante… ¿estás seguro que le dijimos a Karen que vinieran para acá cuando terminaran?

-Sí, Freddy, sí le dijimos. Sabe que con tu mamá en tu casa no se puede hablar de nada que no sea comidas familiares y esas pendejadas.

-¿Y tú le dijiste bien la dirección de la casa?

-Sí, Freddy, yo se la apunté en un papelito a Karen.

-¿Y si Alex no quiso ayudarle?

-Ya nos hubiese llamado, Freddy, ya cálmate y tomate esa vaina que se te va a enfriar.

Freddy se tomó un sorbo del té, hizo una pausa de cinco segundos antes de seguir hablando.

-¿Por qué no la llamamos?

-Ella está haciendo algo importante y no podemos estar interrumpiéndola cada cinco minutos como tú quieres.

-Ay bueno, ya… tocará esperar aquí y ya.

Camilo tomó asiento en el sofá color violeta que era el único mueble que adornaba la sala, junto a una mesita de noche que había comprado en el mercado de las pulgas.

-¿Por qué no te sientas y hablamos un poco?

-¿Hablar de qué o qué?

-Hablar, hombre ¿Por qué le tienes que buscar explicación a todo?

-Porque todo tiene explicación.

Camilo volteó los ojos en muestra de fastidio.

-Contigo no se puede, oye. No sé cómo te aguanta tu novia.

-¿Yo novia? Jamás.

Camilo tuvo que poner el té sobre la mesa, y tragar el té caliente a las carreras, antes de soltar la carcajada, no tanto por lo que había dicho su primo, sino por la forma en que lo había dicho. Quería ponerle una red a Freddy, para que revelara su orientación sexual, pero este no sólo la esquivo, sino que se hizo un traje de noche con ella, para luego salir desfilando.

-¿Novio?

-Algo así, pero eso no es de tu incumbencia; ahora vas y sales corriendo a decírselo a mi mamá ¿oíste?

-No te preocupes, tu “secreto” está a salvo conmigo.

-Eso espero ¿y tú?

-¿Yo qué?

-¿Cómo te aguanta tu novia?

-Yo no tengo novia.

-Me lo imaginé, que mujer se querría cuadrar con un tipo tan… bueno tan cansón como tú.

Camilo estuvo a una fracción de segundo de decirle la verdad, su verdad,  a su primo, pero unos toques ansiosos en la puerta del apartamento se lo impidieron.

-¡Llegaron!- dijo Freddy corriendo hasta la puerta.

En efecto, luego de dejar el té caliente sobre la mesa de centro y asomarse a la ventana, Camilo se dio cuenta que  una motocicleta justo se había detenido justo al frente de su casa. Karen estaba en el cojín trasero y en la parte de adelante un muchacho rubio que había visto en los retratos que su jefe tenía en su oficina. Era Alex Pedroza.

-¡Llegaron los dos!- dijo Freddy emocionado- ¡Karen lo convenció!

-Ya cálmate, oye, deja que lleguen.

Freddy abrió la puerta y esperó que los visitantes cruzaran el umbral de la puerta.

-Buenas noches- dijo Alex Pedroza en tono amigable- Freddy que gusto verte de nuevo, amigo.

-Gracias, Alex, mira te presento a mi primo, Camilo Naar.

-Mucho gusto, Camilo.

-Alex.

-Ajá ¿Y?- preguntó Freddy ansioso.

-Disculpen a mi primo por su intensidad, más bien siéntense- dijo Camilo cerrando la puerta- ¿Quieren algo de tomar?

Karen y Alex negaron con la cabeza, parecían nerviosos o ansiosos, una muy mala señal a los ojos de Camilo Naar.

-Ahora sí- dijo el periodista, sentándose junto a sus visitantes- Cuéntenme que pasó con la tarjeta de memoria ¿la encontraron?

-Sí, la encontramos, tal y como ustedes dijeron estaba en la caja fuerte del papá de Alex- respondió Karen.

-Bueno, pero ¿dónde la tienen?- preguntó Camilo.

-Ese es el problema, no la tenemos con nosotros. Mi papá nos sorprendió y se quedó con la tarjeta, se la entregó a un tipo que llegó a mi casa hace un rato.

-¡No puede ser!- dijo Freddy en tono de tragedia griega.

Camilo se llevó las manos al rostro, tratando de resignarse a la derrota inminente. Pero aún no estaba todo perdido.

-¿Juancho sabe de quién fue la idea?

-No, pero creo que sospecha de Freddy.

-¿De mi? ¿Y de mí por qué?

-Bueno, tú eres el único aparte de él que ha visto el video. Supone que tú estás detrás de todo esto o que le dijiste a alguien.

-¿Viste, Camilo, Viste? Ahora me voy a echar de enemigo a Juancho Pedroza.

-No te vas a echar de enemigo a nadie, Freddy- dijo Alex con voz tranquilizadora.

-¿Cómo así?- preguntó Freddy con los ojos llenos de lágrimas.

-Mi papá no quiere proteger a los que están detrás de todo esto.

-¿Entonces por qué no les dio el video?- preguntó Camilo.

-Está tratando de ganarse la confianza de gente muy poderosa, les está dejando creer que lo tienen comprado- dijo Karen.

-¿La misma gente que puso la bomba en la Universidad?- preguntó Freddy.

-No lo sabemos bien, todo es muy confuso.- dijo Karen.

-Sin el video no podemos hacer nada por Kike- dijo Camilo Naar, recostándose en el sofá y respirando profundo- Sino tenemos evidencia que pueda conducir al verdadero responsable, lo van a dejar preso. El video era la clave.

-Tenemos algo mucho mejor- dijo Alex, sonriendo, mientras sacaba un celular de su bolsillo- y lo tengo justo aquí en este teléfono.

-¿Qué es?- preguntó Camilo.

-Mi papá consiguió una grabación, y quiere que nosotros la publiquemos y la hagamos viral en las redes sociales- dijo Alex.

-No van a poder seguir acusando a Kike del ataque en la U- dijo Karen un tanto emocionada.

A Camilo no se le pasó por alto la expresión de desesperanza de Alex por un milisegundo antes de volver a tomar el hilo de la conversación.

-¿En esa grabación dicen quien es el responsable del atentado en la Universidad? ¿el autor intelectual?- preguntó Freddy nervioso.

-Sí, sí lo dicen- dijo Karen sonriendo.

-¿Y quién es o qué?

-Mejor que lo escuchen ustedes mismos- dijo Alex presionando el botón de play en la pantalla del teléfono celular.

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